Siempre sal de la oficina… ¡A tiempo!

Hace un tiempo, me llegó una imagen en la cual enunciaban los beneficios de salir a tiempo de la oficina, como también las consecuencias cuando no lo hacemos. La imagen fue elaborada inicialmente en inglés en el año 1998, y a pesar que han pasado tantos años, en lo particular yo, aun no lo veo aplicado en la mayoría de las empresas de hoy en día. A continuación, a cada enunciado, considerando mi propia experiencia, le doy conscientemente toda la razón:

1. El trabajo es un proceso que nunca termina. Nunca se puede terminar todo el trabajo.

Algunos solemos pensar que a mayor horas de trabajo, mayor será la productividad, enunciado el cual es totalmente incorrecto, ya que el día no se hizo exclusivamente para eso, ¿verdad?. Si bien, como empleados poseemos una jornada establecida, este no tiene por qué verse alterada por la falta de planificación que otros no llevan a cabo; así mismo, tampoco tiene por qué volverse nuestra emergencia y terminar afectando nuestra propia jornada personal. A pesar de que, algunas veces sí estemos dispuestos a realizar el sacrificio que sea necesario, con el fin de tener retribuciones a favor, que nos ayuden a acercarnos cada vez más a esa tan anhelada mejora laboral, ¿el fin justifica los medios? Convirtiendo de esta manera, en tan solo una ilusión la sana competencia en el mundo laboral.

Siempre habrá cada vez más y más trabajo, por lo que este nunca se terminará: en cambio, resulta ser que nuestra vida es la que curiosamente sí tiene un límite de tiempo, así que dejemos todo ese arduo trabajo a la hora que debemos y continuemos con el proceso de nuestra vida.

2. Si fallas en la vida, tu jefe o cliente no será la persona que te ofrecerá una ayuda, pero tu familia o un amigo sí lo harán.

Seamos sinceros; a una empresa, ¿qué tanto le interesa nuestra vida personal? Pues creo que poco o nada, ya que de cierto modo la mayoría de nosotros somos reemplazables, por lo que nos consideran a cada uno solo como un bien o un activo más de su propiedad.

El objetivo principal que busca una empresa mediante nosotros, es producir más dinero para ellos mismos, ¿suena un poco cruel cierto? ¿Recibimos también un salario a cambio, no? Y es por eso que resultamos siempre tener un precio, lo cual les es devuelto a la empresa, pero multiplicado. Por lo que cada hora, que nos encontramos dentro de una oficina, tiene un costo de productividad bien estipulado en un cronograma de actividades.

No obstante, al ser empleados, conocemos perfectamente a ciertas personas con las que podemos contar realmente, y en efecto estos no se encuentran necesariamente en la oficina, sino más bien en el hogar. Por lo que resulta que nuestra familia, en la mayoría de los casos, está conformada de las personas que nos conocen en un aspecto mucho más profundo, así que por simple lógica, estos son los que deben de ser retribuidos con el mayor tiempo posible. De igual manera, existen amistades con el mismo nivel de altruismo, esas que hacen las preguntas correctas y que merecen nuestra atención como es debido.

El tiempo es lo más valioso que posee una persona, por lo que debe de ser compartido con personas valiosas también.

3. Los intereses de un cliente no son más importantes que los de tu familia.

Cada quién vela por sus propios intereses, resultando ser siempre estos la retribución ante cualquier acto que realicemos, los que con el tiempo terminan clasificando a los que nos rodean; conformando de esta manera los diferentes círculos de productividad y competitividad en ámbitos laborales o personales. Así que, mientras más poder o autoridad tenga una persona sobre otra, más sencillo será que demuestre su verdadera forma de ser, dejando salir a flote también sus verdaderas intenciones o en este caso: intereses.

El cliente siempre y forzosamente termina teniendo la razón, ya que de este depende el ingreso económico de una empresa, y mientras más caprichoso sea, menos vida personal tendremos, debido a que todo lo que solicite y demande siempre será con suma urgencia; es decir, para ayer.

La vida que tenemos, no se la debemos a una empresa ni mucho menos a un cliente, sino a nuestra familia o nuestros seres más importantes, ya que fueron estos, en gran parte, responsables de lo que somos ahora.

4. La vida no significa llegar a la oficina, volver a casa y dormir… Hay más en la vida: tiempo para socializar, hacer ejercicio, relajarse, etc.

Uno de los mayores errores, que cometemos al estar inmersos en el mundo corporativo, es que siempre nos enfocamos en aumentar nuestra aptitud, olvidando en ese proceso hacer lo con nuestra actitud también. Este último, resulta ser aquello que le da el sentido a nuestra forma de ser, ya que se alimenta de experiencias que ponen a prueba nuestra relación con el mundo, el cual no está conformado necesariamente, de las decisiones que se toman dentro de una oficina. Así que por favor, no terminemos convirtiéndonos en una persona que carece de originalidad, debido a la rutina o a vivir sin exigencias en la zona de confort. Busquemos nuevas experiencias, aspiremos a cosas diferentes, arriesguemos y aprendamos a desarrollarnos por nuestra propia cuenta. No solo vivamos para acercar la tarjeta de trabajo al marcador de asistencia; existe vida allá afuera, lugares que conocer, momentos que experimentar, otras culturas, otros países y muchas actividades que vivir. Además, hay quienes nos esperan en casa y tal vez hijos a quienes nos gustaría ver crecer no solo cuando estén durmiendo. No olvidemos que todo tiene su tiempo y su momento. No rompamos ese equilibrio.

5. Usted no estudio y luchó en la vida sólo para ser una máquina. 

Trabajemos para vivir y no al contrario. Cada uno de nosotros, nos hemos quemado las pestañas en su debido momento para lograr un objetivo, el cual en muchas ocasiones termina siendo el trabajar en una gran empresa. Sin embargo, debemos considerar que esto solo debe de tomarse como un proceso de aprendizaje y no para depender de ello hasta la pensión de retiro, o a menos que, la labor que realicemos en la oficina día a día simplemente nos termine apasionando lo suficiente como para no terminar estresado. En cambio, sí no es así, entonces busquemos algo propio, qué nos pertenezca, qué realmente sí nos apasione y que en ese proceso otros aprendan de nosotros. Estamos en la libertad de empezar cuando queramos.

Trabajar duro tal vez pueda darnos más dinero, pero a cambio termina deteriorando nuestra salud (si en el caso el estrés siempre termina siendo el triunfador), y para ese entonces, ¿de qué nos habrá servido tanto esfuerzo? Entonces, mejor trabajemos inteligentemente en algo que realmente nos guste, ya que el no hacerlo, nos mantendrá distraído de aquellos momentos que no tienen precio.

Aprendamos a auto valorarnos, sin sentirnos culpable o creer que lastimamos a alguien por no trabajar más de lo debido. Querer agradar a todos es un desgaste enorme, por lo que olvidemos de una vez que somos indispensable en el trabajo, aunque esto nos resulte incómodo; todo camina sin nuestra actuación, salvo nuestra propia vida. Lo aceptemos o no. Una persona que se mantiene en la oficina hasta muy tarde no quiere decir que sea una persona trabajadora o muy productiva, es una persona que no sabe cómo manejar el trabajo en el tiempo estipulado o, como es cotidiano hoy en día, asumió las consecuencias del trabajo mal estimado de otro.

Si deseas descargar la imagen que me llegó a mi, puedes hacerlo dando clic aquí.


About Sergio Urbano

Especialista en Tecnologías de la Información de profesión, pero instruido causalmente en las Finanzas Personales. Aprendí, lo puse en práctica y siempre gané, en peor de los casos experiencia. Entendí que para tener el control de tu vida tienes que empezar en tu salud financiera... y si tienes algo bueno en tus manos que le puede ayudar a los demás entonces debe compartirse.

 
 

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